jueves, 20 de diciembre de 2012

PRIMERA PARTE, HACER UN DOCTORADO: Eligiendo un director. Síntesis de los aspectos esenciales a la hora de pensar en un proceso doctoral (texto de revisión bibliográifca)




En la vida cotidiana nos enfrentamos muchas veces a la compra de algún artículo nuevo que debemos aprender a utilizar para poder controlar todas las posibilidades que nos ofrece. Para facilitar este aprendizaje, el fabricante, profundamente preocupado, pone a nuestra disposición un práctico manual de instrucciones que, la mayor parte del tiempo, está escrito en diferentes idiomas para que podamos comprenderlo absolutamente. Ahora, sinceramente ¿destinamos una cantidad de tiempo y recursos para leerlo de cabo a rabo y conocer todas las ventajas del producto que acabamos de comprar?

Es muy probable que la respuesta sea no. Incluso, si quisiéramos hacer una investigación para saber cuántas son las personas que sí lo hacen, los resultados no nos sorprenderían porque ya tenemos una idea de ello. Tal y como sucede en ámbitos comunes de la vida, en el desarrollo de la formación como investigadores es posible enfrentarnos a esta misma situación, desde el supuesto que el aprendizaje práctico tiene mayores incidencias en la construcción de un perfil profesional que el seguir un manual paso a paso.

En esta revisión bibliográfica veremos la importancia de las consideraciones que hacen los autores en cuanto al inicio, desarrollo, término y post desarrollo de un trabajo doctoral. Cada uno de los textos revisados contempla indicaciones precisas para cada uno de los momentos a los que se enfrentará quien quiera desarrollar una vida académica con dedicación exclusiva a la investigación. 

Phiilip y Pugh nos introducen en las complejas decisiones que debe tomar un estudiante de licenciatura que quiera comenzar un proceso doctoral, invitándonos a dar un paseo por éstas y señalando algunas que consideran gravitantes en esta etapa del alumno. Luego de esto, Barzun y Graff nos llevan a conocer los pormenores de la escritura de esta tesis, pasando por consideraciones generales de contenido y poniendo su énfasis en la forma de redacción, la utilización de las palabras y la participación necesaria de algunas figuras literarias constitutivas de significado.
Finalmente, Becker pone “matrícula” a esta revisión incentivando a todos: alumnos, pre doctores y doctores a escribir, perdiendo el sentido de riesgo en función del temor a verse inferior ante una comunidad científica crítica. Él nos enseña, desde su personal experiencia, a desprendernos de los miedos y dejarnos llevar por la inspiración, el conocimiento, el papel y el lápiz.

 
PRIMERA PARTE:
La Tesis Doctoral,  Estelle M. Phillips y Derek S. Pugh 2005.


El nombre del libro en sí mismo es un poco intimidante puesto que no se sabe qué es lo que contendrá. A simple vista puede parecer una advertencia sobre si es correcto aventurarse en un trabajo tan intenso y con pocos resultados a corto plazo o si por el contrario es mejor alejarse de esta idea y buscar otras vías de desarrollo profesional que puedan contribuir a la concreción de los objetivos que los alumnos de licenciatura tienen al egresar de sus estudios.

Los autores abren los fuegos del cuestionamiento, señalando que en el proceso de formación doctoral se debe aceptar íntegramente la responsabilidad de dirigir y gestionar el propio aprendizaje para conseguir el doctorado. Estas palabras que parecen una recomendación de sentido común cobran un significado especial cuando se trata de deconstruir un modelo de aprendizaje conductivo arraigado en nuestras sociedades. En este modelo, el alumno de licenciatura está siendo constantemente evaluado por su nivel de comprensión e internalización de los conocimientos que el docente entrega en el aula en base a pautas que este mismo establece y que califica. Los espacios de constructivismo dentro de las aulas de los pregrados son escasos y muchas veces poco comprendidos y aceptados por los mismos alumnos, quienes se preparan en función de los exámenes y pruebas que los docentes elaboran para evaluar sus conocimientos. 

Si se considera que este proceso tiene una duración aproximada de cuatro años (en algunos países pueden ser entre tres y cinco), lo planteado por los autores no solo se refiere a que cada doctorando debe administrar sus recursos personales de la mejor manera posible, sino que además debe plantearse una nueva forma de estudiar los fenómenos en la cual no habrá un docente que castigue con una mala calificación su trabajo o premie su excelente rendimiento con una buena calificación, por lo tanto el desafío más importante que tienen los doctorandos es desarrollar la capacidad de tomar sus propias decisiones, hacerse cargo de ellas y trabajar para conseguir esclarecer aquellos cuestionamientos que los han llevado a diseñar una determinada investigación y presentarla como su tesis doctoral.

Desde esta perspectiva, el panorama no parece muy auspicioso para quien decida iniciar un proceso doctoral y esté pensando en finalizarlo. Es muy diferente comenzar un doctorado, que terminarlo. En el camino hay muchas razones que hacen que un doctorando suspenda su entrega de tesis y los autores tratan en extenso algunos de los motivos principales del abandono del proceso. Lo primero que señalan es que la decisión de hacer un doctorado debe estar basada en la motivación que tiene una persona por estudiar un fenómeno en particular y desde la obtención de sus resultados, plantearse cómo estos pueden ser un aporte al acervo de conocimiento de la disciplina en la cual han decidido enfocarse. Así, muestra cómo otro tipo de motivaciones como las económicas se debilitan cuando aparecen algunas complicaciones, convirtiendo la investigación en un calvario que el alumno difícilmente puede superar.

Volviendo al tema de esta deconstrucción del modelo de aprendizaje internalizado en los alumnos que demandan un proceso doctoral, encontramos que no todo es tan oscuro y complejo como puede parecer. Siempre hay alguna luz que indica el camino a seguir o al menos las directrices centrales sobre las que desarrollar el trabajo: estas luces son el o los directores de tesis. La figura del director tiene una doble significación para los futuros doctorandos, por una parte se constituye como el motor de fuerza que ayudará al alumno en la concreción de sus objetivos investigadores y por otra, muchas veces representan un objeto de admiración para quien quiera comenzar un trabajo de tesis doctoral. Muy a menudo, los directores de tesis (todos doctores o profesionales de la investigación) son personas cuyas carreras académicas han sido seguidas por los alumnos desde sus estudios de pregrado, por lo tanto la significación que tienen para el doctorando es mucho mayor incluso que la evaluación que el propio mundo académico hace de aquel director. Por un parte, esta admiración actúa como un motivador adicional a la hora de elegir a uno u otro director, puesto que el alumno estará en contacto directo, por al menos cuatro años, con quien para él aparece como un modelo a imitar, sin embargo, en la otra cara de la moneda esta condición puede producir un efecto negativo en quien desarrolla su tesis doctoral en la medida que lo hace desestimar todos los méritos académicos que lo han llevado a esa instancia, haciéndolo perder la confianza y cuestionar la imagen que tienen de ellos mismos.

Esta poca valoración de sus conocimientos, herramientas y estrategias puede acercar peligrosamente al alumno una infravaloración de sus capacidades y puede ser detonante en la decisión de discontinuar sus estudios doctorales. Como se ha señalado, las razones del abandono del proyecto de tesis son tan múltiples y particulares como cada uno de los doctorandos, sin embargo, en el desarrollo del texto, los autores muestran algunas de ellas, dentro de las cuales se encuentra la mala elección de un director de tesis. ¿Cómo saber cuándo se ha elegido al director correcto? Esta pregunta muchas veces encuentra su respuesta durante el desarrollo de la investigación por lo que aconsejan estar muy atentos a algunas señales para poder hacer una “detección temprana” de eventuales escenarios de conflicto como los siguientes:

 Distancia física con el director de tesis
Si bien en la actualidad es posible desarrollar muchas actividades de manera remota y así facilitar el intercambio de conocimientos, es imprescindible que entre el director de tesis y el alumno doctorando exista un contacto cara a cara que les permita tener un feedback efectivo para la realización de la tesis. Internet es un mundo que ofrece soluciones diversas para muchos planos de la vida cotidiana, sin embargo, el alumno de tesis y su director deben establecer una relación uno a uno tal y cual lo hace un matrimonio o una pareja, incluso los autores se aventuran en señalar que la cantidad de tiempo que tendrán que convivir éstos durante el período de la investigación, podría ser mucho más que el que comparten con sus propias parejas y familias.

La posibilidad de llevar un trabajo a distancia existe y es un recurso que puede utilizarse, no obstante, los momentos de mayor creatividad e intercambio de opiniones relevantes para la investigación se darán en las reuniones de  trabajo.

Diferencia de objetivos entre directores y estudiantes
En este punto se podría basar un estudio completo debido a la disparidad que puede darse entre los objetivos de unos y otros. Los objetivos de cada uno tendrán una directa relación con el aporte que busquen realizar a la ciencia y con las metas que se hayan propuesto para sus carreras académicas. El alumno corre el peligro de no poder desarrollar su trabajo según lo tenía pensado toda vez que los objetivos del director tengan mayor relación con que el alumno contribuya con él en desarrollar una investigación que lleva a cabo y por lo tanto, la cantidad de funciones y trabajo que realice le impidan profundizar en su tesis doctoral.

Otra forma de desencuentro de objetivos puede producirse cuando el alumno comience trabajar en otras actividades –distintas de la tesis- sin consultarlo con el director, dejando de lado el trabajo de investigación doctoral. Según reseñan los autores, ha ocurrido más de alguna vez que pasado el primer año de trabajo y observando esta situación, los directores deciden no apoyar al alumno en la renovación de sus becas cuando los avances son pocos o nulos.

Sobrevaloración o infravaloración de lo que se exige
La sobrevaloración de lo que se exige para un doctorado tiene relación con los objetivos que se plantean para la tesis. Si estos son demasiado amplios o poco aterrizados se puede producir que el alumno conciba su investigación como un trabajo tan grande, original y novedoso, que sobredimensione las implicancias de sus resultados y pretenda más un Premio Nobel que el grado de doctor.
En el otro extremo se encuentra la infravaloración. Esta condición puede tener al menos dos acepciones; la primera se presenta cuando el licenciado de grado académico ha dejado los estudios por una extensión de tiempo considerable para integrarse a lo que él denomina como “mundo real”, corriendo el riesgo de perder de vista el significado real de lo que quiere decir investigación, encasillándola solo en la mera descripción de un fenómeno y no considerando su contribución al análisis y explicación de un determinado fenómeno. El segundo tipo de infravaloración tiene relación con la forma en que el alumno de doctorado dispone sus tiempos para investigar en función de otras actividades que realiza por considerar que su objeto de investigación tiene poca importancia en comparación con los hechos y materialidades de este mundo real en el que se encuentra inserto.

La aparición de alguno de estos elementos puede entorpecer el normal desarrollo de la investigación del alumno, haciéndolo reconsiderar las opciones y postergar su proceso doctoral, echando por tierra todo el trabajo que ha realizado hasta el momento en el diseño de investigación, la recogida de información y la creación de las preguntas de cuestionamiento hipotético, partes fundamentales de la tesis doctoral. De acuerdo con el texto, más importante que el trabajo de campo (que lo es en sí) y que el análisis de información, es el proceso de previo a la investigación y luego la redacción de la tesis.

En cuanto a los aspectos previos, lo más gravitante para el aspirante a doctor es hacerse las preguntas específicas sobre el qué, cuál y por qué. Estos cuestionamientos orientarán el trabajo a desarrollar y permitirán que los resultados sean los esperados para hacer una contribución importante para la ciencia en la cual proyecte su desarrollo académico. Luego de haber elaborado estas preguntas, el investigador podrá crear las hipótesis que guiarán el normal desarrollo del trabajo de campo, en el cual debe considerar de manera constante tres aspectos fundamentales como son la apertura de pensamiento en cuanto a la investigación, la revisión crítica de los datos y los límites de las generalizaciones que proponga producto de los resultados. En este último punto, para no perder de vista el norte, se ha de considerar la idoneidad de éstas en base al planteamiento hipotético-deductivo inicial, puesto que estas reflexiones son “inspiradoras e imaginativas en su carácter; por tanto aventuras de la mente” (Medawar, 1964) y se debe tener la precaución de no pretender hacer un viaje sin destino final claro al momento de plantearse estas interrogantes, puesto que pueden llevar a generalizaciones un tanto arriesgadas y permisivas.

En líneas generales, a la hora de tomar la determinación de aventurarse en un proceso doctoral se deben tener muy claras las implicancias de esta decisión en cuanto al tiempo que se invertirá, a la dirección doctoral, la forma metodológica y finalmente la forma de la tesis, en el entendido de la redacción de la misma y su preparación para ser defendida.

Antes de redactar la tesis se ha de cuidar muy bien todo lo relacionado con las teorías de fondo del problema, las teorías propias del mismo, la teoría de los datos y la contribución de la investigación. Luego de revisados estos elementos desde una perspectiva crítica, recién se puede comenzar a pensar en la redacción de la misma. Este proceso puede ser la parte más dura del trabajo para quienes no han escrito continuamente y se ven enfrentados a la necesidad de ser claros, precisos y consistentes en sus palabras. Se suele pensar que una tesis doctoral debe ser un documento extenso y que puede muchas veces estar vaciado en más de dos tomos, considerando esta idea como un índice de calidad de la misma, sin embargo, los autores muestran que la precisión y asertividad de las palabras son un elemento más importante que la cantidad de páginas que pueda contener el documento, es decir, que es mucho mejor ser preciso y asertivo que extenso y ambiguo.

Señalan además que la mejor fórmula de estructura de tesis es una que contenga cuatro o cinco capítulos importantes y algunas sub categorías dentro de éstos, en la media que sean necesarias para hacer más claros los contenidos.

Si se tienen en consideración los aspectos señalados antes y durante el proceso de tesis doctoral, es posible lograr tener fluidez en cuanto a la investigación propiamente tal y a las relaciones que se establecen alrededor de esta, tanto con el director de tesis, como con otros académicos vinculados al tema de investigación –recomendación de los autores-  no obstante, nada de esto puede garantizar el éxito de un emprendimiento como este.

Las fórmulas perfectas no existen para hacer una tesis doctoral, solo existe la certeza de que se comienza un proceso que arrojará unos resultados determinados, mas el cómo terminará esto, es por una parte, prerrogativa del alumno en cuanto al compromiso y dedicación; y por otra depende directamente del tipo de dirección que tenga durante el devenir de su postulado doctoral.

 Aníbal Morales López,
Máster en Comunicación Política y Corporativa, URV.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación,
Relacionador Público, UDLA.