En
la vida cotidiana nos enfrentamos muchas veces a la compra de algún artículo
nuevo que debemos aprender a utilizar para poder controlar todas las
posibilidades que nos ofrece. Para facilitar este aprendizaje, el fabricante,
profundamente preocupado, pone a nuestra disposición un práctico manual de
instrucciones que, la mayor parte del tiempo, está escrito en diferentes
idiomas para que podamos comprenderlo absolutamente. Ahora, sinceramente
¿destinamos una cantidad de tiempo y recursos para leerlo de cabo a rabo y
conocer todas las ventajas del producto que acabamos de comprar?
Es
muy probable que la respuesta sea no. Incluso, si quisiéramos hacer una
investigación para saber cuántas son las personas que sí lo hacen, los
resultados no nos sorprenderían porque ya tenemos una idea de ello. Tal y como
sucede en ámbitos comunes de la vida, en el desarrollo de la formación como
investigadores es posible enfrentarnos a esta misma situación, desde el
supuesto que el aprendizaje práctico tiene mayores incidencias en la
construcción de un perfil profesional que el seguir un manual paso a paso.
En
esta revisión bibliográfica veremos la importancia de las consideraciones que
hacen los autores en cuanto al inicio, desarrollo, término y post desarrollo de
un trabajo doctoral. Cada uno de los textos revisados contempla indicaciones
precisas para cada uno de los momentos a los que se enfrentará quien quiera
desarrollar una vida académica con dedicación exclusiva a la investigación.
Phiilip
y Pugh nos introducen en las complejas decisiones que debe tomar un estudiante
de licenciatura que quiera comenzar un proceso doctoral, invitándonos a dar un
paseo por éstas y señalando algunas que consideran gravitantes en esta etapa
del alumno. Luego de esto, Barzun y Graff nos llevan a conocer los pormenores
de la escritura de esta tesis, pasando por consideraciones generales de
contenido y poniendo su énfasis en la forma de redacción, la utilización de las
palabras y la participación necesaria de algunas figuras literarias
constitutivas de significado.
Finalmente,
Becker pone “matrícula” a esta revisión incentivando a todos: alumnos, pre
doctores y doctores a escribir, perdiendo el sentido de riesgo en función del
temor a verse inferior ante una comunidad científica crítica. Él nos enseña,
desde su personal experiencia, a desprendernos de los miedos y dejarnos llevar
por la inspiración, el conocimiento, el papel y el lápiz.
PRIMERA PARTE:
La Tesis Doctoral, Estelle M. Phillips y Derek S. Pugh 2005.
El nombre del libro en sí mismo es un poco intimidante puesto que no se
sabe qué es lo que contendrá. A simple vista puede parecer una
advertencia sobre si es correcto aventurarse en un trabajo tan intenso y con
pocos resultados a corto plazo o si por el contrario es mejor alejarse de esta
idea y buscar otras vías de desarrollo profesional que puedan contribuir a la
concreción de los objetivos que los alumnos de
licenciatura tienen al egresar de sus estudios.
Los autores abren los fuegos del cuestionamiento, señalando que en el
proceso de formación doctoral se debe aceptar íntegramente la responsabilidad
de dirigir y gestionar el propio aprendizaje para conseguir el doctorado. Estas
palabras que parecen una recomendación de sentido común cobran un significado
especial cuando se trata de deconstruir un modelo de aprendizaje conductivo arraigado
en nuestras sociedades. En este modelo, el alumno de licenciatura está siendo
constantemente evaluado por su nivel de comprensión e internalización de los
conocimientos que el docente entrega en el aula en base a pautas que este mismo
establece y que califica. Los espacios de constructivismo dentro de las aulas
de los pregrados son escasos y muchas veces poco comprendidos y aceptados por
los mismos alumnos, quienes se preparan en función de los exámenes y pruebas
que los docentes elaboran para evaluar sus conocimientos.
Si se considera que este proceso tiene una duración aproximada de cuatro
años (en algunos países pueden ser entre tres y cinco), lo planteado por los
autores no solo se refiere a que cada doctorando debe administrar sus recursos
personales de la mejor manera posible, sino que además debe plantearse una
nueva forma de estudiar los fenómenos en la cual no habrá un docente que
castigue con una mala calificación su trabajo o premie su excelente rendimiento
con una buena calificación, por lo tanto el desafío más importante que tienen
los doctorandos es desarrollar la capacidad de tomar sus propias decisiones,
hacerse cargo de ellas y trabajar para conseguir esclarecer aquellos
cuestionamientos que los han llevado a diseñar una determinada investigación y
presentarla como su tesis doctoral.
Desde esta perspectiva, el panorama no parece muy auspicioso para quien
decida iniciar un proceso doctoral y esté pensando en finalizarlo. Es muy
diferente comenzar un doctorado, que terminarlo. En el camino hay muchas
razones que hacen que un doctorando suspenda su entrega de tesis y los autores
tratan en extenso algunos de los motivos principales del abandono del proceso.
Lo primero que señalan es que la decisión de hacer un doctorado debe estar
basada en la motivación que tiene una persona por estudiar un fenómeno en
particular y desde la obtención de sus resultados, plantearse cómo estos pueden
ser un aporte al acervo de conocimiento de la disciplina en la cual han
decidido enfocarse. Así, muestra cómo otro tipo de motivaciones como las
económicas se debilitan cuando aparecen algunas complicaciones, convirtiendo la
investigación en un calvario que el alumno difícilmente puede superar.
Volviendo al tema de esta deconstrucción del modelo de aprendizaje
internalizado en los alumnos que demandan un proceso doctoral, encontramos que
no todo es tan oscuro y complejo como puede parecer. Siempre hay alguna luz que
indica el camino a seguir o al menos las directrices centrales sobre las que
desarrollar el trabajo: estas luces son el o los directores de tesis. La figura
del director tiene una doble significación para los futuros doctorandos, por
una parte se constituye como el motor de fuerza que ayudará al alumno en la
concreción de sus objetivos investigadores y por otra, muchas veces representan
un objeto de admiración para quien quiera comenzar un trabajo de tesis
doctoral. Muy a menudo, los directores de tesis (todos doctores o profesionales
de la investigación) son personas cuyas carreras académicas han sido seguidas
por los alumnos desde sus estudios de pregrado, por lo tanto la significación
que tienen para el doctorando es mucho mayor incluso que la evaluación que el
propio mundo académico hace de aquel director. Por un parte, esta admiración
actúa como un motivador adicional a la hora de elegir a uno u otro director,
puesto que el alumno estará en contacto directo, por al menos cuatro años, con
quien para él aparece como un modelo a imitar, sin embargo, en la otra cara de
la moneda esta condición puede producir un efecto negativo en quien desarrolla
su tesis doctoral en la medida que lo hace desestimar todos los méritos
académicos que lo han llevado a esa instancia, haciéndolo perder la confianza y
cuestionar la imagen que tienen de ellos mismos.
Esta poca valoración de sus conocimientos, herramientas y estrategias
puede acercar peligrosamente al alumno una infravaloración de sus capacidades y
puede ser detonante en la decisión de discontinuar sus estudios doctorales.
Como se ha señalado, las razones del abandono del proyecto de tesis son tan
múltiples y particulares como cada uno de los doctorandos, sin embargo, en el
desarrollo del texto, los autores muestran algunas de ellas, dentro de las
cuales se encuentra la mala elección de un director de tesis. ¿Cómo saber
cuándo se ha elegido al director correcto? Esta pregunta muchas veces encuentra
su respuesta durante el desarrollo de la investigación por lo que aconsejan
estar muy atentos a algunas señales para poder hacer una “detección temprana”
de eventuales escenarios de conflicto como los siguientes:
Distancia
física con el director de tesis
Si bien en la actualidad es posible desarrollar muchas actividades de
manera remota y así facilitar el intercambio de conocimientos, es
imprescindible que entre el director de tesis y el alumno doctorando exista un
contacto cara a cara que les permita tener un feedback efectivo para la
realización de la tesis. Internet es un mundo que ofrece soluciones diversas
para muchos planos de la vida cotidiana, sin embargo, el alumno de tesis y su
director deben establecer una relación uno a uno tal y cual lo hace un
matrimonio o una pareja, incluso los autores se aventuran en señalar que la
cantidad de tiempo que tendrán que convivir éstos durante el período de la
investigación, podría ser mucho más que el que comparten con sus propias
parejas y familias.
La posibilidad de llevar un trabajo a distancia existe y es un recurso
que puede utilizarse, no obstante, los momentos de mayor creatividad e
intercambio de opiniones relevantes para la investigación se darán en las
reuniones de trabajo.
Diferencia de
objetivos entre directores y estudiantes
En este punto se podría basar un estudio completo debido a la disparidad
que puede darse entre los objetivos de unos y otros. Los objetivos de cada uno
tendrán una directa relación con el aporte que busquen realizar a la ciencia y
con las metas que se hayan propuesto para sus carreras académicas. El alumno
corre el peligro de no poder desarrollar su trabajo según lo tenía pensado toda
vez que los objetivos del director tengan mayor relación con que el alumno
contribuya con él en desarrollar una investigación que lleva a cabo y por lo
tanto, la cantidad de funciones y trabajo que realice le impidan profundizar en
su tesis doctoral.
Otra forma de desencuentro de objetivos puede producirse cuando el
alumno comience trabajar en otras actividades –distintas de la tesis- sin
consultarlo con el director, dejando de lado el trabajo de investigación
doctoral. Según reseñan los autores, ha ocurrido más de alguna vez que pasado
el primer año de trabajo y observando esta situación, los directores deciden no
apoyar al alumno en la renovación de sus becas cuando los avances son pocos o
nulos.
Sobrevaloración
o infravaloración de lo que se exige
La sobrevaloración de lo que se exige para un doctorado tiene relación
con los objetivos que se plantean para la tesis. Si estos son demasiado amplios
o poco aterrizados se puede producir que el alumno conciba su investigación
como un trabajo tan grande, original y novedoso, que sobredimensione las implicancias
de sus resultados y pretenda más un Premio Nobel que el grado de doctor.
En el otro extremo se encuentra la infravaloración. Esta condición puede
tener al menos dos acepciones; la primera se presenta cuando el licenciado de
grado académico ha dejado los estudios por una extensión de tiempo considerable
para integrarse a lo que él denomina como “mundo real”, corriendo el riesgo de
perder de vista el significado real de lo que quiere decir investigación,
encasillándola solo en la mera descripción de un fenómeno y no considerando su
contribución al análisis y explicación de un determinado fenómeno. El segundo
tipo de infravaloración tiene relación con la forma en que el alumno de
doctorado dispone sus tiempos para investigar en función de otras actividades
que realiza por considerar que su objeto de investigación tiene poca
importancia en comparación con los hechos y materialidades de este mundo real
en el que se encuentra inserto.
La aparición de alguno de estos elementos puede entorpecer el normal
desarrollo de la investigación del alumno, haciéndolo reconsiderar las opciones
y postergar su proceso doctoral, echando por tierra todo el trabajo que ha
realizado hasta el momento en el diseño de investigación, la recogida de
información y la creación de las preguntas de cuestionamiento hipotético,
partes fundamentales de la tesis doctoral. De acuerdo con el texto, más
importante que el trabajo de campo (que lo es en sí) y que el análisis de información,
es el proceso de previo a la investigación y luego la redacción de la tesis.
En cuanto a los aspectos previos, lo más gravitante para el aspirante a
doctor es hacerse las preguntas específicas sobre el qué, cuál y por qué. Estos
cuestionamientos orientarán el trabajo a desarrollar y permitirán que los
resultados sean los esperados para hacer una contribución importante para la
ciencia en la cual proyecte su desarrollo académico. Luego de haber elaborado
estas preguntas, el investigador podrá crear las hipótesis que guiarán el
normal desarrollo del trabajo de campo, en el cual debe considerar de manera
constante tres aspectos fundamentales como son la apertura de pensamiento en
cuanto a la investigación, la revisión crítica de los datos y los límites de
las generalizaciones que proponga producto de los resultados. En este último
punto, para no perder de vista el norte, se ha de considerar la idoneidad de
éstas en base al planteamiento hipotético-deductivo inicial, puesto que estas
reflexiones son “inspiradoras e imaginativas en su carácter; por tanto
aventuras de la mente” (Medawar, 1964) y se debe tener la precaución de no
pretender hacer un viaje sin destino final claro al momento de plantearse estas
interrogantes, puesto que pueden llevar a generalizaciones un tanto arriesgadas
y permisivas.
En líneas generales, a la hora de tomar la determinación de aventurarse
en un proceso doctoral se deben tener muy claras las implicancias de esta
decisión en cuanto al tiempo que se invertirá, a la dirección doctoral, la
forma metodológica y finalmente la forma de la tesis, en el entendido de la
redacción de la misma y su preparación para ser defendida.
Antes de redactar la tesis se ha de cuidar muy bien todo lo relacionado
con las teorías de fondo del problema, las teorías propias del mismo, la teoría
de los datos y la contribución de la investigación. Luego de revisados estos
elementos desde una perspectiva crítica, recién se puede comenzar a pensar en
la redacción de la misma. Este proceso puede ser la parte más dura del trabajo
para quienes no han escrito continuamente y se ven enfrentados a la necesidad
de ser claros, precisos y consistentes en sus palabras. Se suele pensar que una
tesis doctoral debe ser un documento extenso y que puede muchas veces estar
vaciado en más de dos tomos, considerando esta idea como un índice de calidad
de la misma, sin embargo, los autores muestran que la precisión y asertividad
de las palabras son un elemento más importante que la cantidad de páginas que
pueda contener el documento, es decir, que es mucho mejor ser preciso y
asertivo que extenso y ambiguo.
Señalan además que la mejor fórmula de estructura de tesis es una que
contenga cuatro o cinco capítulos importantes y algunas sub categorías dentro
de éstos, en la media que sean necesarias para hacer más claros los contenidos.
Si se tienen en consideración los aspectos señalados antes y durante el
proceso de tesis doctoral, es posible lograr tener fluidez en cuanto a la
investigación propiamente tal y a las relaciones que se establecen alrededor de
esta, tanto con el director de tesis, como con otros académicos vinculados al
tema de investigación –recomendación de los autores- no obstante, nada de esto puede garantizar el
éxito de un emprendimiento como este.
Las fórmulas perfectas no existen para hacer una tesis doctoral, solo
existe la certeza de que se comienza un proceso que arrojará unos resultados determinados,
mas el cómo terminará esto, es por una parte, prerrogativa del alumno en cuanto
al compromiso y dedicación; y por otra depende directamente del tipo de
dirección que tenga durante el devenir de su postulado doctoral.
Aníbal Morales López,
Máster en Comunicación Política y Corporativa, URV.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación,
Relacionador Público, UDLA.
