Mi opinión
miércoles, 11 de septiembre de 2013
lunes, 7 de enero de 2013
SEGUNDA PARTE, ESCRIBIR LOS RESULTADOS DE LA TESIS: La importancia del párrafo según Barzún y Graff
The
modern researcher, Jacques Barzun y Henry
Graff, 1992

Luego de realizar un proceso de doctorado y presentar la tesis, el paso siguiente para el investigador es publicar sus resultados de la forma que este considere pertinente: un artículo de revista, algún capítulo de libro o un libro que contenga los antecedentes más importantes del proceso que ha llevado a cabo en esos cuatro años. De esta manera, se cumpliría la máxima de un doctor, haciendo una contribución al mundo de las ciencias en que desarrolla su estudio y permitiendo el acceso a esta información a todo el que lo considere necesario.
Si ya se ha tomado la determinación de emprender un doctorado y se ha
finalizado según lo esperado, resta poner en orden las palabras que permitan
entregar los conocimientos. Barzun y Graff en este texto, profundizan y
describen cada uno de los elementos que es necesario considerar en la redacción
de una determinada pieza, organizando estos mismos según la información que
contengan. Lo primero que nos muestran es la importancia de la forma en que se
pondrán los hechos a disposición del lector. Para estos efectos existen dos
formas de ordenar los elementos en función de captar la atención: el orden
cronológico, que tal como la palabra lo indica, sugiere una organización de los
elementos según el momento en el que fueron ocurriendo (nacimiento, desarrollo,
muerte); y el orden en base a tópicos, forma muy utilizada por los redactores
de noticias para causar impacto en las audiencias. Este ordenamiento se refiere
a cómo poner las ideas en una línea de tiempo discontinua, considerando como
base el conocimiento previo que el lector tiene de los antecedentes.
Estas dos formas de ordenar los datos comienzan a dar pistas sobre cómo escribir
lo necesario para dar a conocer los resultados de la investigación. Luego de
tener este asunto resuelto, es imprescindible cuestionarse el cómo se va a
escribir; si se hará siguiendo una pauta (outline) o simplemente dejándose
guiar por la concatenación de palabras que se presentan ante el escritor. Lo recomendado
es considerar la estructura y contenidos de los párrafos como guías conectoras
entre un tópico y otro, tratando de mantenerlos conectados con el tema de
fondo, así entonces se puede decidir entre dos formas de presentar la
información, estas son la natural y la convencional. En la forma natural se
exponen los descubrimientos que el investigador ha hecho en la investigación de
manera consecutiva, mientras que en la convencional el autor asume que el
lector tiene un conocimiento previo y por tanto, los antecedentes son
dispuestos según los focos de interés que se quieran despertar en este lector.
Al presentar estos datos, los autores lo que hacen es reseñar la
importancia de la composición de un texto para facilitar la comprensión del
mismo, entregando al párrafo la agencia para poder llevar al lector por todos
los escenarios y posibilidades que el autor estime necesarios y convenientes.
Para ilustrar de alguna manera la importancia del párrafo, nos muestran
cómo se deberían distribuir las ideas en una composición que se consta de 12 de
ellos. En esta nomenclatura, señalan que en el primer párrafo se deben
explicitar los antecedentes más importantes de manera de captar la atención del
lector para impedir que éste abandone la lectura. En términos generales, la
propuesta es trabajar bajo la estructura de redacción periodística de pirámide
invertida, método que se presenta como cuestionable toda vez que dejamos
antecedentes de segundo nivel jerárquico en los siguientes párrafos, lo que a
mi personal punto de vista potencia el abandono de la lectura por parte del
lector en la medida que éste considera que en la primera etapa ya tiene la
claridad suficiente como para dejar el texto de lado. Es posible que esta recomendación
que hacen los autores pueda tener mayor utilidad en otro formato de escritura
que no en la exposición de los resultados y conclusiones de un trabajo tan
intenso como la tesis de un doctorado.
Otro problema que le sugiere al lector -como una justificación- el
abandono de la lectura tiene relación con la las palabras que van componiendo
el entramado gramatical. Para evitar esto se debe trabajar siempre con una guía
que vaya indicando en qué parte del texto volcar qué contenidos, de esta forma
el autor podrá mantener un nivel de ambigüedad bajo y contribuir con el lector
en el sentido que su obra sea comprendida tal cual como él la ha pensado y
escrito. De aquí la importancia de ser claros y precisos en la transmisión de
una información.
Si bien es cierto que la ambigüedad en la escritura puede desenfocar un
poco objetivo final, muchas veces es utilizada por autores para mostrar una
realidad o un pensamiento pero alejado de las implicaciones que estas
afirmaciones podrían tener directamente para ellos, es decir, induce a una
significación específica por parte del lector, pero finalmente no son ellos
quienes están significando lo que sus palabras sugieren. Este tipo de redacción
un poco oscura puede tener mayor éxito y aceptación en el plano de la
literatura convencional en que la subjetividad del lector juega un rol tan
importante como el del autor, sin embargo, en la exposición de los resultados
de una investigación que tiene por móvil la contribución al estudio de las
ciencias, las palabras deben ser tan claras y ajustadas como lo fue el objeto
de estudio, la metodología de investigación y las conclusiones del trabajo en
sí.
La claridad y precisión de las palabras son vitales a la hora de
transmitir de manera efectiva unos resultados, una idea, una generalización,
pero ¿qué son o representan las palabras? Primero debemos señalar que son
signos lingüísticos y como tal, buscan ser una representación de la realidad,
por lo que un uso incorrecto de alguna o de varias de ellas puede cambiar
totalmente el sentido de una frase. Es por esto, que Barzun y Graff nos muestran
la importancia de conocer el estado del lenguaje actualmente, ya que la
evolución del significado de las palabras está directamente relacionada con los
cambios que se experimentan en las sociedades, así se podrá escribir un texto
que contenga las palabras precisas para construir el significado que el autor
espera, impidiendo que la atención del lector avance en otra dirección.
Conocer el correcto uso de las palabras, su significado y connotación
permite al escritor poder componer con normalidad una frase del texto. La frase
es el alma del párrafo, por lo tanto, todo lo que un párrafo espera entregar al
lector no es más que la suma de significaciones de las frases de palabras que
están colocadas según el plan del autor, el cual debe vigilar constantemente
que estas frases, que funcionan como señales de la transmisión de información
sean coherentes entre sí y que concuerden con lo que el autor quiere transmitir
a sus lectores, puesto que la escritura es un acto social por cuanto busca
contribuir con un nuevo conocimiento.
Para que este acto social tenga el efecto esperado, se debe aprender a
conocer cómo se comunican los grupos humanos y cómo estos van creado sus
propias significaciones a través de las palabras y expresiones, como es el caso
de la jerga y los tecnicismos que son formas de lenguaje que nacen de la
experiencia y del proceso de construcción social de un grupo que comparte una
cantidad de valores y estructuras determinadas.
En cuanto a la escritura de un texto académico que busque dar a conocer
unos resultados, se debe tener cuidado con no expresar dichos antecedentes de
una forma que pueda llegar a ser incomprensible para muchos pero que tampoco
pase del otro lado de la vereda en que se pueda recargar un texto con lugares comunes y frases clichés,
puesto que pueden desviar la atención y hacer que el lector pierda el interés
por considerar dicho texto un tanto predecible. En cuanto a este tipo de
lenguajes, la propuesta es aprender a vivir con ellos, utilizarlos en la medida
que permitan dar mayor claridad y legibilidad al texto, sin producir el efecto
contrario, ya que podrían constituirse como enemigos del mensaje y por cierto
del reflejo de las intenciones del autor y su conocimiento.
Ciertamente, para publicar algún tipo de artículo, capítulo de libro o
uno completo, además de tener resultados de investigación que sean realmente
interesantes y viables de comunicar, se debe pasar por un proceso de revisión
bibliográfica previo que permita al autor abrir un espacio en el mundo de las
ideas y poder generar cuestionamientos razonables sobre uno u otro tema.
Además, esta revisión del trabajo teórico de otros, siempre permitirá apoyar
los resultados en el trabajo que han realizado éstos antes, dando mayor validez
a las conclusiones a las que ha llegado el investigador al término de su
investigación.
Este trabajo previo de contextualización sirve mayoritariamente al autor
para poder encajar su trabajo desde alguna perspectiva, pero ¿qué pasa cuando
el autor intenta mostrar a sus lectores, en su texto original, todas las
fuentes de información que ha revisado para concretar su trabajo? Algunos lo
considerarán correcto, pulcro y ajustado a la altura de lo que está publicando,
lo que puede dar una mayor solidez a los planteamientos del autor, sin embargo,
cuando la cantidad de citas que se explicitan es exagerada, puede aparecer el
cuestionamiento sobre cuál es el real y nuevo conocimiento que el autor busca
transmitir, haciendo que éste pierda visibilidad y que por lo tanto su texto no
tenga el efecto que esperaba. Citar otras fuentes se presenta como un gran reto
al que deben enfrentarse quienes están en proceso de publicación de algún
material, en la medida que le reste originalidad y carácter a su investigación.
Si bien, corresponde hacer ver el conocimiento de otros que ha apoyado el
trabajo de investigación, es necesario que se explicite la opinión del
investigador en cuánto a sus resultados, de otro modo, se corre el riesgo de
plantearse frente a los lectores desde un punto de vista inferior en cuanto al
conocimiento, lo que sin duda, hará que éstos no den crédito a lo que están
leyendo.
Citar es necesario. Si. Lo que no es necesario es repletar páginas con
citas de otros autores. Es mucho mejor mostrar al lector cuál es el
conocimiento adquirido y la forma en que se han interpretado las teorías de
otros en la creación y descubrimiento de este conocimiento nuevo. Si se compra
un texto de un determinado autor sobre un tema específico es para conocer el
planteamiento que éste tiene respecto de ese tema y no para conocer, con lujo
de detalles, cuáles han sido sus fuentes bibliográficas y cómo ha seguido a pie
de letra lo postulado por otros. Se valora, entonces, mucho más la capacidad de
adaptación de estas teorías al tema desarrollado y se espera que el autor corra
el riesgo de aventurarse en nuevos escenarios con sus sentencias sobre el tema
y con la apreciación que ha hecho del fenómeno en toda su integridad. Las notas
a pie de página deben ser sólo eso y no transformarse en párrafos del texto y
mucho menos en operadores a la hora comprender los alcances de la investigación
que se expone. Siempre es bueno tener referencias, pero que estas no sean más importantes que el asunto central
del texto. Las guías nos conducen por un camino y lo hacen más fácil y
comprensible, por esta razón, si el autor quiere que su publicación sea una de esas guías para alguien más, debe
tomar el riesgo y aventurarse en hacer que sus palabras sean correctas,
originales y que representen su opinión y pensamiento sobre lo que expone,
haciéndose cargo de sus dichos y teniendo la fortaleza para defenderlos cuando
sea necesario. Esta originalidad y carácter son los elementos que el lector
valorará positivamente a la hora de hacer una evaluación sobre lo leído y todo
el proceso que el investigador a llevado a cabo desde que decidió adentrarse en
el campo de la investigación. No existe una segunda ocasión para causar una
primera impresión y en cuanto a la publicación, este dicho es perfectamente
extrapolable.
Aníbal Morales López,
Aníbal Morales López,
Máster en Comunicación Política y Corporativa, URV.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación,
Relacionador Público, UDLA.
jueves, 20 de diciembre de 2012
PRIMERA PARTE, HACER UN DOCTORADO: Eligiendo un director. Síntesis de los aspectos esenciales a la hora de pensar en un proceso doctoral (texto de revisión bibliográifca)
En
la vida cotidiana nos enfrentamos muchas veces a la compra de algún artículo
nuevo que debemos aprender a utilizar para poder controlar todas las
posibilidades que nos ofrece. Para facilitar este aprendizaje, el fabricante,
profundamente preocupado, pone a nuestra disposición un práctico manual de
instrucciones que, la mayor parte del tiempo, está escrito en diferentes
idiomas para que podamos comprenderlo absolutamente. Ahora, sinceramente
¿destinamos una cantidad de tiempo y recursos para leerlo de cabo a rabo y
conocer todas las ventajas del producto que acabamos de comprar?
Es
muy probable que la respuesta sea no. Incluso, si quisiéramos hacer una
investigación para saber cuántas son las personas que sí lo hacen, los
resultados no nos sorprenderían porque ya tenemos una idea de ello. Tal y como
sucede en ámbitos comunes de la vida, en el desarrollo de la formación como
investigadores es posible enfrentarnos a esta misma situación, desde el
supuesto que el aprendizaje práctico tiene mayores incidencias en la
construcción de un perfil profesional que el seguir un manual paso a paso.
En
esta revisión bibliográfica veremos la importancia de las consideraciones que
hacen los autores en cuanto al inicio, desarrollo, término y post desarrollo de
un trabajo doctoral. Cada uno de los textos revisados contempla indicaciones
precisas para cada uno de los momentos a los que se enfrentará quien quiera
desarrollar una vida académica con dedicación exclusiva a la investigación.
Phiilip
y Pugh nos introducen en las complejas decisiones que debe tomar un estudiante
de licenciatura que quiera comenzar un proceso doctoral, invitándonos a dar un
paseo por éstas y señalando algunas que consideran gravitantes en esta etapa
del alumno. Luego de esto, Barzun y Graff nos llevan a conocer los pormenores
de la escritura de esta tesis, pasando por consideraciones generales de
contenido y poniendo su énfasis en la forma de redacción, la utilización de las
palabras y la participación necesaria de algunas figuras literarias
constitutivas de significado.
Finalmente,
Becker pone “matrícula” a esta revisión incentivando a todos: alumnos, pre
doctores y doctores a escribir, perdiendo el sentido de riesgo en función del
temor a verse inferior ante una comunidad científica crítica. Él nos enseña,
desde su personal experiencia, a desprendernos de los miedos y dejarnos llevar
por la inspiración, el conocimiento, el papel y el lápiz.
PRIMERA PARTE:
La Tesis Doctoral, Estelle M. Phillips y Derek S. Pugh 2005.
El nombre del libro en sí mismo es un poco intimidante puesto que no se
sabe qué es lo que contendrá. A simple vista puede parecer una
advertencia sobre si es correcto aventurarse en un trabajo tan intenso y con
pocos resultados a corto plazo o si por el contrario es mejor alejarse de esta
idea y buscar otras vías de desarrollo profesional que puedan contribuir a la
concreción de los objetivos que los alumnos de
licenciatura tienen al egresar de sus estudios.
Los autores abren los fuegos del cuestionamiento, señalando que en el
proceso de formación doctoral se debe aceptar íntegramente la responsabilidad
de dirigir y gestionar el propio aprendizaje para conseguir el doctorado. Estas
palabras que parecen una recomendación de sentido común cobran un significado
especial cuando se trata de deconstruir un modelo de aprendizaje conductivo arraigado
en nuestras sociedades. En este modelo, el alumno de licenciatura está siendo
constantemente evaluado por su nivel de comprensión e internalización de los
conocimientos que el docente entrega en el aula en base a pautas que este mismo
establece y que califica. Los espacios de constructivismo dentro de las aulas
de los pregrados son escasos y muchas veces poco comprendidos y aceptados por
los mismos alumnos, quienes se preparan en función de los exámenes y pruebas
que los docentes elaboran para evaluar sus conocimientos.
Si se considera que este proceso tiene una duración aproximada de cuatro
años (en algunos países pueden ser entre tres y cinco), lo planteado por los
autores no solo se refiere a que cada doctorando debe administrar sus recursos
personales de la mejor manera posible, sino que además debe plantearse una
nueva forma de estudiar los fenómenos en la cual no habrá un docente que
castigue con una mala calificación su trabajo o premie su excelente rendimiento
con una buena calificación, por lo tanto el desafío más importante que tienen
los doctorandos es desarrollar la capacidad de tomar sus propias decisiones,
hacerse cargo de ellas y trabajar para conseguir esclarecer aquellos
cuestionamientos que los han llevado a diseñar una determinada investigación y
presentarla como su tesis doctoral.
Desde esta perspectiva, el panorama no parece muy auspicioso para quien
decida iniciar un proceso doctoral y esté pensando en finalizarlo. Es muy
diferente comenzar un doctorado, que terminarlo. En el camino hay muchas
razones que hacen que un doctorando suspenda su entrega de tesis y los autores
tratan en extenso algunos de los motivos principales del abandono del proceso.
Lo primero que señalan es que la decisión de hacer un doctorado debe estar
basada en la motivación que tiene una persona por estudiar un fenómeno en
particular y desde la obtención de sus resultados, plantearse cómo estos pueden
ser un aporte al acervo de conocimiento de la disciplina en la cual han
decidido enfocarse. Así, muestra cómo otro tipo de motivaciones como las
económicas se debilitan cuando aparecen algunas complicaciones, convirtiendo la
investigación en un calvario que el alumno difícilmente puede superar.
Volviendo al tema de esta deconstrucción del modelo de aprendizaje
internalizado en los alumnos que demandan un proceso doctoral, encontramos que
no todo es tan oscuro y complejo como puede parecer. Siempre hay alguna luz que
indica el camino a seguir o al menos las directrices centrales sobre las que
desarrollar el trabajo: estas luces son el o los directores de tesis. La figura
del director tiene una doble significación para los futuros doctorandos, por
una parte se constituye como el motor de fuerza que ayudará al alumno en la
concreción de sus objetivos investigadores y por otra, muchas veces representan
un objeto de admiración para quien quiera comenzar un trabajo de tesis
doctoral. Muy a menudo, los directores de tesis (todos doctores o profesionales
de la investigación) son personas cuyas carreras académicas han sido seguidas
por los alumnos desde sus estudios de pregrado, por lo tanto la significación
que tienen para el doctorando es mucho mayor incluso que la evaluación que el
propio mundo académico hace de aquel director. Por un parte, esta admiración
actúa como un motivador adicional a la hora de elegir a uno u otro director,
puesto que el alumno estará en contacto directo, por al menos cuatro años, con
quien para él aparece como un modelo a imitar, sin embargo, en la otra cara de
la moneda esta condición puede producir un efecto negativo en quien desarrolla
su tesis doctoral en la medida que lo hace desestimar todos los méritos
académicos que lo han llevado a esa instancia, haciéndolo perder la confianza y
cuestionar la imagen que tienen de ellos mismos.
Esta poca valoración de sus conocimientos, herramientas y estrategias
puede acercar peligrosamente al alumno una infravaloración de sus capacidades y
puede ser detonante en la decisión de discontinuar sus estudios doctorales.
Como se ha señalado, las razones del abandono del proyecto de tesis son tan
múltiples y particulares como cada uno de los doctorandos, sin embargo, en el
desarrollo del texto, los autores muestran algunas de ellas, dentro de las
cuales se encuentra la mala elección de un director de tesis. ¿Cómo saber
cuándo se ha elegido al director correcto? Esta pregunta muchas veces encuentra
su respuesta durante el desarrollo de la investigación por lo que aconsejan
estar muy atentos a algunas señales para poder hacer una “detección temprana”
de eventuales escenarios de conflicto como los siguientes:
Distancia
física con el director de tesis
Si bien en la actualidad es posible desarrollar muchas actividades de
manera remota y así facilitar el intercambio de conocimientos, es
imprescindible que entre el director de tesis y el alumno doctorando exista un
contacto cara a cara que les permita tener un feedback efectivo para la
realización de la tesis. Internet es un mundo que ofrece soluciones diversas
para muchos planos de la vida cotidiana, sin embargo, el alumno de tesis y su
director deben establecer una relación uno a uno tal y cual lo hace un
matrimonio o una pareja, incluso los autores se aventuran en señalar que la
cantidad de tiempo que tendrán que convivir éstos durante el período de la
investigación, podría ser mucho más que el que comparten con sus propias
parejas y familias.
La posibilidad de llevar un trabajo a distancia existe y es un recurso
que puede utilizarse, no obstante, los momentos de mayor creatividad e
intercambio de opiniones relevantes para la investigación se darán en las
reuniones de trabajo.
Diferencia de
objetivos entre directores y estudiantes
En este punto se podría basar un estudio completo debido a la disparidad
que puede darse entre los objetivos de unos y otros. Los objetivos de cada uno
tendrán una directa relación con el aporte que busquen realizar a la ciencia y
con las metas que se hayan propuesto para sus carreras académicas. El alumno
corre el peligro de no poder desarrollar su trabajo según lo tenía pensado toda
vez que los objetivos del director tengan mayor relación con que el alumno
contribuya con él en desarrollar una investigación que lleva a cabo y por lo
tanto, la cantidad de funciones y trabajo que realice le impidan profundizar en
su tesis doctoral.
Otra forma de desencuentro de objetivos puede producirse cuando el
alumno comience trabajar en otras actividades –distintas de la tesis- sin
consultarlo con el director, dejando de lado el trabajo de investigación
doctoral. Según reseñan los autores, ha ocurrido más de alguna vez que pasado
el primer año de trabajo y observando esta situación, los directores deciden no
apoyar al alumno en la renovación de sus becas cuando los avances son pocos o
nulos.
Sobrevaloración
o infravaloración de lo que se exige
La sobrevaloración de lo que se exige para un doctorado tiene relación
con los objetivos que se plantean para la tesis. Si estos son demasiado amplios
o poco aterrizados se puede producir que el alumno conciba su investigación
como un trabajo tan grande, original y novedoso, que sobredimensione las implicancias
de sus resultados y pretenda más un Premio Nobel que el grado de doctor.
En el otro extremo se encuentra la infravaloración. Esta condición puede
tener al menos dos acepciones; la primera se presenta cuando el licenciado de
grado académico ha dejado los estudios por una extensión de tiempo considerable
para integrarse a lo que él denomina como “mundo real”, corriendo el riesgo de
perder de vista el significado real de lo que quiere decir investigación,
encasillándola solo en la mera descripción de un fenómeno y no considerando su
contribución al análisis y explicación de un determinado fenómeno. El segundo
tipo de infravaloración tiene relación con la forma en que el alumno de
doctorado dispone sus tiempos para investigar en función de otras actividades
que realiza por considerar que su objeto de investigación tiene poca
importancia en comparación con los hechos y materialidades de este mundo real
en el que se encuentra inserto.
La aparición de alguno de estos elementos puede entorpecer el normal
desarrollo de la investigación del alumno, haciéndolo reconsiderar las opciones
y postergar su proceso doctoral, echando por tierra todo el trabajo que ha
realizado hasta el momento en el diseño de investigación, la recogida de
información y la creación de las preguntas de cuestionamiento hipotético,
partes fundamentales de la tesis doctoral. De acuerdo con el texto, más
importante que el trabajo de campo (que lo es en sí) y que el análisis de información,
es el proceso de previo a la investigación y luego la redacción de la tesis.
En cuanto a los aspectos previos, lo más gravitante para el aspirante a
doctor es hacerse las preguntas específicas sobre el qué, cuál y por qué. Estos
cuestionamientos orientarán el trabajo a desarrollar y permitirán que los
resultados sean los esperados para hacer una contribución importante para la
ciencia en la cual proyecte su desarrollo académico. Luego de haber elaborado
estas preguntas, el investigador podrá crear las hipótesis que guiarán el
normal desarrollo del trabajo de campo, en el cual debe considerar de manera
constante tres aspectos fundamentales como son la apertura de pensamiento en
cuanto a la investigación, la revisión crítica de los datos y los límites de
las generalizaciones que proponga producto de los resultados. En este último
punto, para no perder de vista el norte, se ha de considerar la idoneidad de
éstas en base al planteamiento hipotético-deductivo inicial, puesto que estas
reflexiones son “inspiradoras e imaginativas en su carácter; por tanto
aventuras de la mente” (Medawar, 1964) y se debe tener la precaución de no
pretender hacer un viaje sin destino final claro al momento de plantearse estas
interrogantes, puesto que pueden llevar a generalizaciones un tanto arriesgadas
y permisivas.
En líneas generales, a la hora de tomar la determinación de aventurarse
en un proceso doctoral se deben tener muy claras las implicancias de esta
decisión en cuanto al tiempo que se invertirá, a la dirección doctoral, la
forma metodológica y finalmente la forma de la tesis, en el entendido de la
redacción de la misma y su preparación para ser defendida.
Antes de redactar la tesis se ha de cuidar muy bien todo lo relacionado
con las teorías de fondo del problema, las teorías propias del mismo, la teoría
de los datos y la contribución de la investigación. Luego de revisados estos
elementos desde una perspectiva crítica, recién se puede comenzar a pensar en
la redacción de la misma. Este proceso puede ser la parte más dura del trabajo
para quienes no han escrito continuamente y se ven enfrentados a la necesidad
de ser claros, precisos y consistentes en sus palabras. Se suele pensar que una
tesis doctoral debe ser un documento extenso y que puede muchas veces estar
vaciado en más de dos tomos, considerando esta idea como un índice de calidad
de la misma, sin embargo, los autores muestran que la precisión y asertividad
de las palabras son un elemento más importante que la cantidad de páginas que
pueda contener el documento, es decir, que es mucho mejor ser preciso y
asertivo que extenso y ambiguo.
Señalan además que la mejor fórmula de estructura de tesis es una que
contenga cuatro o cinco capítulos importantes y algunas sub categorías dentro
de éstos, en la media que sean necesarias para hacer más claros los contenidos.
Si se tienen en consideración los aspectos señalados antes y durante el
proceso de tesis doctoral, es posible lograr tener fluidez en cuanto a la
investigación propiamente tal y a las relaciones que se establecen alrededor de
esta, tanto con el director de tesis, como con otros académicos vinculados al
tema de investigación –recomendación de los autores- no obstante, nada de esto puede garantizar el
éxito de un emprendimiento como este.
Las fórmulas perfectas no existen para hacer una tesis doctoral, solo
existe la certeza de que se comienza un proceso que arrojará unos resultados determinados,
mas el cómo terminará esto, es por una parte, prerrogativa del alumno en cuanto
al compromiso y dedicación; y por otra depende directamente del tipo de
dirección que tenga durante el devenir de su postulado doctoral.
Aníbal Morales López,
Máster en Comunicación Política y Corporativa, URV.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación,
Relacionador Público, UDLA.
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