The
modern researcher, Jacques Barzun y Henry
Graff, 1992

Luego de realizar un proceso de doctorado y presentar la tesis, el paso siguiente para el investigador es publicar sus resultados de la forma que este considere pertinente: un artículo de revista, algún capítulo de libro o un libro que contenga los antecedentes más importantes del proceso que ha llevado a cabo en esos cuatro años. De esta manera, se cumpliría la máxima de un doctor, haciendo una contribución al mundo de las ciencias en que desarrolla su estudio y permitiendo el acceso a esta información a todo el que lo considere necesario.
Si ya se ha tomado la determinación de emprender un doctorado y se ha
finalizado según lo esperado, resta poner en orden las palabras que permitan
entregar los conocimientos. Barzun y Graff en este texto, profundizan y
describen cada uno de los elementos que es necesario considerar en la redacción
de una determinada pieza, organizando estos mismos según la información que
contengan. Lo primero que nos muestran es la importancia de la forma en que se
pondrán los hechos a disposición del lector. Para estos efectos existen dos
formas de ordenar los elementos en función de captar la atención: el orden
cronológico, que tal como la palabra lo indica, sugiere una organización de los
elementos según el momento en el que fueron ocurriendo (nacimiento, desarrollo,
muerte); y el orden en base a tópicos, forma muy utilizada por los redactores
de noticias para causar impacto en las audiencias. Este ordenamiento se refiere
a cómo poner las ideas en una línea de tiempo discontinua, considerando como
base el conocimiento previo que el lector tiene de los antecedentes.
Estas dos formas de ordenar los datos comienzan a dar pistas sobre cómo escribir
lo necesario para dar a conocer los resultados de la investigación. Luego de
tener este asunto resuelto, es imprescindible cuestionarse el cómo se va a
escribir; si se hará siguiendo una pauta (outline) o simplemente dejándose
guiar por la concatenación de palabras que se presentan ante el escritor. Lo recomendado
es considerar la estructura y contenidos de los párrafos como guías conectoras
entre un tópico y otro, tratando de mantenerlos conectados con el tema de
fondo, así entonces se puede decidir entre dos formas de presentar la
información, estas son la natural y la convencional. En la forma natural se
exponen los descubrimientos que el investigador ha hecho en la investigación de
manera consecutiva, mientras que en la convencional el autor asume que el
lector tiene un conocimiento previo y por tanto, los antecedentes son
dispuestos según los focos de interés que se quieran despertar en este lector.
Al presentar estos datos, los autores lo que hacen es reseñar la
importancia de la composición de un texto para facilitar la comprensión del
mismo, entregando al párrafo la agencia para poder llevar al lector por todos
los escenarios y posibilidades que el autor estime necesarios y convenientes.
Para ilustrar de alguna manera la importancia del párrafo, nos muestran
cómo se deberían distribuir las ideas en una composición que se consta de 12 de
ellos. En esta nomenclatura, señalan que en el primer párrafo se deben
explicitar los antecedentes más importantes de manera de captar la atención del
lector para impedir que éste abandone la lectura. En términos generales, la
propuesta es trabajar bajo la estructura de redacción periodística de pirámide
invertida, método que se presenta como cuestionable toda vez que dejamos
antecedentes de segundo nivel jerárquico en los siguientes párrafos, lo que a
mi personal punto de vista potencia el abandono de la lectura por parte del
lector en la medida que éste considera que en la primera etapa ya tiene la
claridad suficiente como para dejar el texto de lado. Es posible que esta recomendación
que hacen los autores pueda tener mayor utilidad en otro formato de escritura
que no en la exposición de los resultados y conclusiones de un trabajo tan
intenso como la tesis de un doctorado.
Otro problema que le sugiere al lector -como una justificación- el
abandono de la lectura tiene relación con la las palabras que van componiendo
el entramado gramatical. Para evitar esto se debe trabajar siempre con una guía
que vaya indicando en qué parte del texto volcar qué contenidos, de esta forma
el autor podrá mantener un nivel de ambigüedad bajo y contribuir con el lector
en el sentido que su obra sea comprendida tal cual como él la ha pensado y
escrito. De aquí la importancia de ser claros y precisos en la transmisión de
una información.
Si bien es cierto que la ambigüedad en la escritura puede desenfocar un
poco objetivo final, muchas veces es utilizada por autores para mostrar una
realidad o un pensamiento pero alejado de las implicaciones que estas
afirmaciones podrían tener directamente para ellos, es decir, induce a una
significación específica por parte del lector, pero finalmente no son ellos
quienes están significando lo que sus palabras sugieren. Este tipo de redacción
un poco oscura puede tener mayor éxito y aceptación en el plano de la
literatura convencional en que la subjetividad del lector juega un rol tan
importante como el del autor, sin embargo, en la exposición de los resultados
de una investigación que tiene por móvil la contribución al estudio de las
ciencias, las palabras deben ser tan claras y ajustadas como lo fue el objeto
de estudio, la metodología de investigación y las conclusiones del trabajo en
sí.
La claridad y precisión de las palabras son vitales a la hora de
transmitir de manera efectiva unos resultados, una idea, una generalización,
pero ¿qué son o representan las palabras? Primero debemos señalar que son
signos lingüísticos y como tal, buscan ser una representación de la realidad,
por lo que un uso incorrecto de alguna o de varias de ellas puede cambiar
totalmente el sentido de una frase. Es por esto, que Barzun y Graff nos muestran
la importancia de conocer el estado del lenguaje actualmente, ya que la
evolución del significado de las palabras está directamente relacionada con los
cambios que se experimentan en las sociedades, así se podrá escribir un texto
que contenga las palabras precisas para construir el significado que el autor
espera, impidiendo que la atención del lector avance en otra dirección.
Conocer el correcto uso de las palabras, su significado y connotación
permite al escritor poder componer con normalidad una frase del texto. La frase
es el alma del párrafo, por lo tanto, todo lo que un párrafo espera entregar al
lector no es más que la suma de significaciones de las frases de palabras que
están colocadas según el plan del autor, el cual debe vigilar constantemente
que estas frases, que funcionan como señales de la transmisión de información
sean coherentes entre sí y que concuerden con lo que el autor quiere transmitir
a sus lectores, puesto que la escritura es un acto social por cuanto busca
contribuir con un nuevo conocimiento.
Para que este acto social tenga el efecto esperado, se debe aprender a
conocer cómo se comunican los grupos humanos y cómo estos van creado sus
propias significaciones a través de las palabras y expresiones, como es el caso
de la jerga y los tecnicismos que son formas de lenguaje que nacen de la
experiencia y del proceso de construcción social de un grupo que comparte una
cantidad de valores y estructuras determinadas.
En cuanto a la escritura de un texto académico que busque dar a conocer
unos resultados, se debe tener cuidado con no expresar dichos antecedentes de
una forma que pueda llegar a ser incomprensible para muchos pero que tampoco
pase del otro lado de la vereda en que se pueda recargar un texto con lugares comunes y frases clichés,
puesto que pueden desviar la atención y hacer que el lector pierda el interés
por considerar dicho texto un tanto predecible. En cuanto a este tipo de
lenguajes, la propuesta es aprender a vivir con ellos, utilizarlos en la medida
que permitan dar mayor claridad y legibilidad al texto, sin producir el efecto
contrario, ya que podrían constituirse como enemigos del mensaje y por cierto
del reflejo de las intenciones del autor y su conocimiento.
Ciertamente, para publicar algún tipo de artículo, capítulo de libro o
uno completo, además de tener resultados de investigación que sean realmente
interesantes y viables de comunicar, se debe pasar por un proceso de revisión
bibliográfica previo que permita al autor abrir un espacio en el mundo de las
ideas y poder generar cuestionamientos razonables sobre uno u otro tema.
Además, esta revisión del trabajo teórico de otros, siempre permitirá apoyar
los resultados en el trabajo que han realizado éstos antes, dando mayor validez
a las conclusiones a las que ha llegado el investigador al término de su
investigación.
Este trabajo previo de contextualización sirve mayoritariamente al autor
para poder encajar su trabajo desde alguna perspectiva, pero ¿qué pasa cuando
el autor intenta mostrar a sus lectores, en su texto original, todas las
fuentes de información que ha revisado para concretar su trabajo? Algunos lo
considerarán correcto, pulcro y ajustado a la altura de lo que está publicando,
lo que puede dar una mayor solidez a los planteamientos del autor, sin embargo,
cuando la cantidad de citas que se explicitan es exagerada, puede aparecer el
cuestionamiento sobre cuál es el real y nuevo conocimiento que el autor busca
transmitir, haciendo que éste pierda visibilidad y que por lo tanto su texto no
tenga el efecto que esperaba. Citar otras fuentes se presenta como un gran reto
al que deben enfrentarse quienes están en proceso de publicación de algún
material, en la medida que le reste originalidad y carácter a su investigación.
Si bien, corresponde hacer ver el conocimiento de otros que ha apoyado el
trabajo de investigación, es necesario que se explicite la opinión del
investigador en cuánto a sus resultados, de otro modo, se corre el riesgo de
plantearse frente a los lectores desde un punto de vista inferior en cuanto al
conocimiento, lo que sin duda, hará que éstos no den crédito a lo que están
leyendo.
Citar es necesario. Si. Lo que no es necesario es repletar páginas con
citas de otros autores. Es mucho mejor mostrar al lector cuál es el
conocimiento adquirido y la forma en que se han interpretado las teorías de
otros en la creación y descubrimiento de este conocimiento nuevo. Si se compra
un texto de un determinado autor sobre un tema específico es para conocer el
planteamiento que éste tiene respecto de ese tema y no para conocer, con lujo
de detalles, cuáles han sido sus fuentes bibliográficas y cómo ha seguido a pie
de letra lo postulado por otros. Se valora, entonces, mucho más la capacidad de
adaptación de estas teorías al tema desarrollado y se espera que el autor corra
el riesgo de aventurarse en nuevos escenarios con sus sentencias sobre el tema
y con la apreciación que ha hecho del fenómeno en toda su integridad. Las notas
a pie de página deben ser sólo eso y no transformarse en párrafos del texto y
mucho menos en operadores a la hora comprender los alcances de la investigación
que se expone. Siempre es bueno tener referencias, pero que estas no sean más importantes que el asunto central
del texto. Las guías nos conducen por un camino y lo hacen más fácil y
comprensible, por esta razón, si el autor quiere que su publicación sea una de esas guías para alguien más, debe
tomar el riesgo y aventurarse en hacer que sus palabras sean correctas,
originales y que representen su opinión y pensamiento sobre lo que expone,
haciéndose cargo de sus dichos y teniendo la fortaleza para defenderlos cuando
sea necesario. Esta originalidad y carácter son los elementos que el lector
valorará positivamente a la hora de hacer una evaluación sobre lo leído y todo
el proceso que el investigador a llevado a cabo desde que decidió adentrarse en
el campo de la investigación. No existe una segunda ocasión para causar una
primera impresión y en cuanto a la publicación, este dicho es perfectamente
extrapolable.
Aníbal Morales López,
Aníbal Morales López,
Máster en Comunicación Política y Corporativa, URV.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación,
Relacionador Público, UDLA.
